Adela del Valle Jiménez Romero, una mujer venezolana de 45 años, fue asesinada a balazos en el distrito de La Victoria, en Lima, presuntamente por Manuel Florián Ramos Venegas, un suboficial de la Policía Nacional del Perú (PNP) en retiro, de 70 años. Según la información difundida por Willax, el ataque ocurrió cuando la víctima se dirigía a una farmacia para comprar medicamentos. Sus familiares niegan que ambos mantuvieran una relación sentimental y aseguran que la mujer sufría acoso por parte del hombre. La víctima trabajaba vendiendo desayunos en el Mercado 12 de Octubre y tenía a su cargo a una hija con habilidades diferentes.
¿Cómo ocurrió el asesinato en La Victoria?
El crimen ocurrió en la cuadra 4 del jirón General Valdés, en el distrito limeño de La Victoria, según el reporte publicado el 21 de octubre de 2026. De acuerdo con la información difundida, Adela Jiménez había salido de su vivienda para dirigirse a una farmacia cuando fue interceptada por el presunto agresor. Ambos habrían sostenido una breve discusión antes de que el hombre sacara un arma de fuego y disparara contra ella en más de cuatro ocasiones.
Los disparos le causaron la muerte en el lugar. Tras el ataque, el presunto responsable habría huido, según la versión recogida por el medio. El caso ha generado preocupación por las circunstancias del crimen y por las denuncias de hostigamiento que, según sus familiares, la víctima habría soportado antes del ataque.
Familia niega relación sentimental y denuncia acoso constante
Los familiares de Adela Jiménez rechazaron las versiones que apuntaban a una posible relación amorosa entre la mujer y el expolicía. Según explicaron, ambos se conocían y mantenían un trato de amistad, pero el hombre habría interpretado ese vínculo de otra manera. Jhorman Venturo, hijo mayor de la víctima, relató que su madre habría sido objeto de constantes episodios de acoso. Según su testimonio, el hombre acudía al edificio donde vivía la mujer, incluso durante la madrugada, y permanecía cerca de su vivienda.
El joven describió la situación que, según afirmó, atravesaba su madre: “La acosaba, llegaba al edificio en la madrugada. Nosotros vivimos en un cuarto piso, llegaba hasta el tercer piso y escuchaba cuando se levantaba, con quién hablaba… una persona enferma, pues. Para la edad que tiene es una persona enferma”. Estas declaraciones forman parte del testimonio de la familia y deberán ser contrastadas durante las investigaciones para establecer las circunstancias previas al asesinato.
¿Quién era Adela Jiménez y cómo se ganaba la vida?
Adela Jiménez llevaba cuatro años viviendo en Perú y trabajaba vendiendo desayunos en el Mercado 12 de Octubre. Según sus familiares, se dedicaba diariamente a esta actividad para sostener su hogar y atender las necesidades de su hija. Sus seres queridos la describieron como una mujer trabajadora, amable y respetada por las personas de su entorno. Su muerte deja a su familia en una situación especialmente difícil, debido a que su hija, quien tiene habilidades diferentes, dependía de sus cuidados y del sustento que ella proporcionaba.
Su hijo recordó con tristeza la vida que su madre había construido en el país y aseguró que no acostumbraba tener problemas con otras personas. “Ella tenía en el país 4 años y mi mamá nunca tuvo problemas con nadie. Siempre fue una persona correcta, trabajadora y todo el mundo la quería”, manifestó. La familia pide que el caso sea investigado con celeridad y que se determinen las responsabilidades correspondientes.
Familia exige justicia y pide que el crimen no quede impune
Los familiares de Adela Jiménez demandaron que las autoridades actúen para esclarecer el asesinato y sancionar al responsable conforme a la ley. Jhorman Venturo insistió en la gravedad del ataque y en las consecuencias que la muerte de su madre tendrá para su familia. “El señor le metió cuatro tiros a mi mamá. Esto no es algo que va a pasar, pues, por alto. Que él tiene que pagar por lo que hizo”, declaró.
El joven también recordó que la víctima tenía una hija que dependía de ella y reclamó que el caso no quede sin consecuencias judiciales. “Igual tiene que pagar porque no le quitó la vida a un perro, le quitó la vida a un ser humano que dejó una niña especial. Una mujer trabajadora que necesitaba ocuparse de su hija”. Los testimonios de los familiares apuntan a un presunto patrón de hostigamiento previo al asesinato. La familia sostiene que no existía una relación sentimental entre la víctima y el hombre señalado, y reclama que se investiguen los antecedentes del caso.
Hasta la información proporcionada por Willax, no se detallan las circunstancias posteriores a la fuga del presunto agresor ni se confirma una decisión judicial sobre su situación. Por ello, corresponde a las autoridades determinar su ubicación, esclarecer los hechos y establecer las responsabilidades penales. El asesinato de Adela Jiménez pone nuevamente en discusión la importancia de atender las denuncias de acoso y las señales de violencia que pueden preceder a una agresión grave.
Cuando existen conductas persistentes de hostigamiento, amenazas o persecución, resulta importante que las víctimas y sus familiares puedan acudir a las autoridades para solicitar protección y dejar constancia de los hechos. En este caso, las afirmaciones sobre el supuesto acoso provienen de los familiares de la víctima. La investigación deberá determinar si existieron denuncias previas, qué medidas se adoptaron y cuáles fueron las circunstancias que desembocaron en el ataque mortal.
La familia, por su parte, enfrenta la pérdida de una mujer que sostenía su hogar con su trabajo y reclama justicia para que el crimen no quede impune.